Una iniciativa de la Comisión Europea propone que los fabricantes de smartphones, tablets, auriculares, cámaras, altavoces y consolas utilicen un cargador común, medida que como primer impacto obligaría a Apple a adoptar el conector USB-C. También se informó que los cargadores se venderían por separado y una ley estandarizaría la tecnología de carga rápida y le daría al usuario la opción de elegir si desea un nuevo cargador al comprar un dispositivo.

El proyecto que impulsa la Comisión ya tiene más de diez años, tiempo en el que se dejó librado a la buena voluntad de la industria el ponerse de acuerdo en implementarlo. Los fundamentos para imponerlo son, por una parte, mejorar las condiciones del medio ambiente y, por otra, producir un ahorro cercano a los 300 millones de dólares.
Como parte de las reacciones conocidas, Apple alega que medidas como esta afectan a la innovación. Desde la Comisión, responden que siempre que se impulsan estos proyectos la reacción es esa, pero que en realidad solo se busca beneficiar a los usuarios, evitar que acumulen cargadores obsoletos o que los descarten y generen cada año 11.000 toneladas de deshechos tecnológicos cada año.

De aprobarse el proyecto, con la participación de los estados europeos y los legisladores de la Unión Europea, habría un plazo de dos años para que los fabricantes lo tengan implementado.