Mientras se espera un derrumbe no menor al 7% en la actividad de nuestro país para este malhadado 2020, el comercio electrónico crece al 80% anual.

Por Hernán Murúa

La reconversión de procesos analógicos a digitales que se vive en la realidad cotidiana, con la banca online, las recetas médicas digitales, la proliferación del teletrabajo y la difusión del e-learning, adquieren cada día mayor velocidad como consecuencia de la pandemia de COVID-19, sostiene el último informe del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano.

“Como ocurre en toda crisis, habrá ganadores y perdedores. Los ganadores serán los sectores de la nueva economía basados en el conocimiento, las tecnologías de la información y la robotización. Los perdedores serán los de la vieja economía, sustentada en el uso presencial del recurso humano. Mientras Netflix, Facebook y Google son los grandes ganador de la cuarentena mundial, General Motors y Ford se encuentran prácticamente paralizadas”, explica Víctor Beker, director del CENE.

Estas tendencias se manifiestas con claridad en la actividad económica de nuestro país. De hecho, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) realizado por el Banco Central estima una contracción de la actividad económica de -10,4% para el segundo trimestre y del -7,4% para el total del año. En paralelo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica una caída del 5,7% para nuestro país.
“Las consecuencias sobre la economía argentina no sólo se identifican en la fuerte contracción del mercado interno sino que se proyectan sobre los componentes de producción y demanda, lo cual genera deterioros dinámicos para la estructura económica”, observa Martín Calveira, en el más reciente informe del Departamento de Economía del IAE de la Universidad Austral.

El economista puntualiza que, entre los sectores que explican relativamente la retracción de la actividad mensual, se destacan sobre todo las caídas de la construcción y de la industria manufacturera. Pero también, del transporte y las comunicaciones, además del comercio, que sólo en marzo había retrocedido un 11,2%.

“Esto dimensiona un escenario estructuralmente negativo en el corto y mediano plazo, pues caídas fuertes en la actividad no sólo generan pérdidas de ingreso y consumo, sino que deterioran toda la estructura productiva, por la divergencia generada entre la necesidad de sostener ingresos básicos y la necesidad de producción e inversión a los efectos de que se interrumpa el proceso de disminución de la oferta de bienes y servicios de la economía doméstica”, señala.
La otra cara de la moneda la ofrece el e-commerce, cuya facturación creció nada menos que 84% en abril en comparación con un mes promedio del primer trimestre, según informó la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), en base a un estudio de la consultora Kantar. Lo hizo gracias a un incremento del 38% en las órdenes de compra y del 71% en las unidades vendidas.

Es que, en medio de la pandemia de COVID-19, el comercio electrónico se convirtió en una gran alternativa para que los usuarios pudieran adquirir productos de forma online y segura, quedándose en sus hogares. En este sentido, muchos consumidores realizaron sus compras de bienes esenciales a través de dicho canal y de a poco fueron incorporando nuevas categorías de productos.

En los resultados del estudio, en efecto, se pueden observar dos etapas bien marcadas. A partir del 20 de abril, momento en que queda habilitada la venta minorista mediante el comercio electrónico para todos los rubros, se acelera el crecimiento con un incremento del 111% en facturación, del 54% en órdenes de compra y del 87% en productos vendidos en comparación con una quincena promedio del primer trimestre 2020, indica el relevamiento.
“Estos resultados confirman que el comercio electrónico en la Argentina avanzó en las últimas seis semanas el equivalente a dos años, tanto en oferta como en demanda. Esto significa que miles de personas y empresas compraron y vendieron por primera vez en su historia, incrementando fuertemente el volumen de operaciones previstas para esta época del año. El estudio revela que más de un 36% de las órdenes de compra de cada tienda pertenecen a nuevos compradores. De esta manera, el e-commerce toma cada vez más protagonismo y tiene un rol fundamental en la economía argentina”, subraya Gustavo Sambucetti, director institucional de CACE.

El crecimiento se profundizó en empresas que venden productos esenciales y que nunca interrumpieron sus operaciones. En esos casos, la facturación resultó un 149% mayor que una quincena promedio del primer trimestre. Se destacó, además, un incremento del 103% en órdenes de compra y un 182% en productos vendidos.

Una vez habilitada la venta minorista de bienes no esenciales por e-commerce, esto impulsó las compras en otras categorías. Entre ellas, se destacó un fuerte incremento en indumentaria y tecnología. Al respecto, la facturación en empresas que comercializan productos electrónicos creció un 272% en comparación con una quincena promedio del primer trimestre. Adicionalmente, se registró un crecimiento del 216% en órdenes de compra y de un 225% en cantidad de unidades vendidas.

El gran tema de la deuda

“Si bien poner en funcionamiento la economía es la prioridad, reducir la incertidumbre que la deuda genera puede ser una significativa contribución, que refuerce los efectos del levantamiento de la cuarentena, cuando ello ocurra”, indica Víctor Beker, director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano.
En ese sentido, advierte que la mayor dificultad planteada por la renegociación de la deuda con los bonistas parecería estar en el cronograma de pago de intereses y no en la quita ofrecida.
“Los comités de bonistas aceptan una quita en el valor presente neto promedio de los bonos de un 45%, mientras que la nueva propuesta argentina implica una quita del 55%. Dicho de otra manera, mientras los acreedores se avienen a recuperar 55 centavos por cada dólar, el gobierno argentino sólo está dispuesto a ofrecer 45 centavos. Se trata de una diferencia de 10 centavos. No parece una discrepancia imposible de saldar”, analiza.
Sin embargo, puntualiza que “el gobierno plantea comenzar a pagar en 2022, mientras los bonistas reclaman pagos a partir de 2021. Este sería el nudo de la cuestión”.