De haber llegado a tener el 0,80% del comercio mundial, hoy caímos a menos del 0,30% y mientras discutimos el financiamiento del déficit fiscal en el mundo aumentan mucho más las exportaciones de tecnología y servicios que las de los bienes físicos. Analizamos con el economista Marcelo Elizondo los inconvenientes que enfrenta el sesgo exportador de nuestro país para diversificarse y crecer.

Por Rodolfo Pollini

¿Cómo ves al país en cuanto a su perfil exportador, sus posibilidades, estancamientos y perspectivas?

Más que como lo veo me remito a los datos, que indican que la Argentina tiene una performance exportadora muy débil y viene perdiendo participación relativa en el comercio internacional. A fines de los años 90 explicaba más o menos el 0,4% del comercio mundial. Durante la primera década del nuevo siglo explicó el 0,32% o 0,33%, pero en la segunda década hubo una caída mayor y este año vamos a explicar el 0,28% del total de las exportaciones mundiales. Pero si retrocedemos mucho más, vemos que hace 50 años éramos el 0,80% del comercio mundial. Lo que pasa es que el mundo evoluciona, hay más competitividad, más tecnología y producción y la Argentina tiene cada vez más dificultad para participar, baja inversión, poca participación en las cadenas internacionales de valor y dificultad para acompañar los cambios tecnológicos. Algún año nos quedamos más conformes, pero tenemos una performance que no es buena.

¿Algún año nos quedamos más conformes porque mejoramos o porque suben los precios internacionales de lo que vendemos?

Bueno, el récord de exportaciones de la Argentina, medido en dólares, se dio entre los años 2010 y 2012, cuando exportamos más de 80.000 millones de dólares de bienes físicos y unos 13.000 o 14.000 millones de servicios. Esos fueron los años de mayores precios internacionales de las commodities. Es como dijiste, cuando los precios ayudan mejoramos y cuando no ayudan empeoramos. Estamos dependiendo de factores exógenos y no de nuestra competitividad.

Pienso en la Argentina perdiendo posibilidades para exportar pero también en la real capacidad exportadora de las empresas. Dijiste alguna vez que en 10 años perdimos un tercio de las compañías argentinas que exportaban.

Ese es un punto muy significativo: la cantidad de empresas exportadoras que tenemos. Según los datos del Ministerio de la Producción, hay entre 6500 y 7000, cuando hace 15 años teníamos entre 12.000 y 13.000. Tenemos cada vez menos, y de las pocas que tenemos muy pocas exportan significativamente. ¿Cuántas exportan más de 100 millones de dólares por año? 50 o 55. ¿Cuántas exportan más de 10 millones? Unas 500. Si comparás con el resto de la región, es tremendo. En México hay 35.000 empresas exportadoras; en Brasil 24.000 y en Chile y Perú, que tienen economías más chicas que la nuestra, hay 8000. Es significativo que tengamos pocas empresas exportadoras y sobre todo que no tengamos Pymes que exporten. Las pocas que exportan bien son las grandes y ese dato refleja nuestra debilidad.

¿Las Pymes mejorarían con ayuda del Estado para acceder a mercados o agruparse por sectores para exportar mejor?

Lo primero que el Estado debería hacer es dejar de generarle inconvenientes al exportador. El Estado genera inflación, que es un problema porque el exportador necesita estabilidad. También le pone muchas trabas, retenciones, brecha cambiaria con un tipo de cambio oficial más bajo que el del mercado y nacionaliza el comercio exterior, de modo que exportás, firmás un contrato en dólares, vendés el producto y cuando te lo pagan los dólares se los queda el Banco Central y te devuelve pesos al tipo de cambio oficial. Antes de pensar en ayudar, el Estado debe dejar de “desayudar”. Después, debería abrir mercados y negociar con otros países para que cobren menos aranceles de ingreso a nuestros productos. Para entrar en México, el vino argentino paga 14% de arancel y el vino chileno no paga, porque Chile le bajó el arancel de entrada a su país a los productos mexicanos. Como para proteger a nuestra industria la Argentina no quiere darle arancel cero a los productos de otros países, los demás tampoco nos dan acceso a sus mercados.

 ¿Cómo se comportan hoy, en la Argentina y en el mundo, las exportaciones de bienes y de servicios y qué entendemos como exportación de servicios?

En el mundo las exportaciones de servicios crecen mucho más que las de bienes físicos. Te diría que en los últimos 10 años crecieron un 60% más. ¿Qué son exportaciones de servicios? Por un lado los servicios profesionales, empresas que se venden consultoría, asistencia técnica o know how. Después, está la venta de tecnología. Hoy se vende mucha propiedad intelectual, patentes, royalty, copyright. En tercer lugar, los servicios de asistencia para el desarrollo del negocio: logística, transporte, financiamiento. Adicionalmente, hay servicios referidos a las comunicaciones, como software o generación de contenidos para Internet. Pero en la Argentina las exportaciones de bienes y de servicios representan más o menos lo mismo.

¿Cómo vislumbrás el comercio internacional después de la pandemia? ¿Ves a los países muy proteccionistas para recuperar lo perdido este año?

No, no veo proteccionismo en términos de proteger a la industria local. Mucho menos habiendo perdido (Donald) Trump las elecciones. Se acaba de firmar el más grande tratado de libre comercio del mundo en Asia y en los últimos meses se firmaron acuerdos entre la Unión Europea y Japón. Lo que sí veo es que los países están empezando a ser más exigentes en las condiciones y los estándares de calidad para entrar a sus mercados, porque los consumidores se pusieron más exigentes.

¿Esas exigencias de calidad hoy son una dificultad importante para el acuerdo Mercosur-Unión Europea?

Te diría que sí. Fíjate que la Unión Europea está diciendo que, si se quiere firmar el acuerdo, Brasil tiene que dejar de incendiar el Amazonas y adherir al Pacto de París, que es contrario al cambio climático. Está muy bien el libre comercio, pero piden reglas comunes y que juguemos todos el mismo juego. Otra exigencia europea es que se respeten los derechos laborales cuando se levanta la cosecha en Brasil, o en Paraguay. Un conjunto de exigencias de calidad.

Elizondo: “El mundo evoluciona, hay más competitividad, más tecnología y producción y la Argentina tiene cada vez más dificultad para participar, baja inversión, poca participación en las cadenas internacionales de valor y dificultad para acompañar los cambios tecnológicos”.